Club Obras Sanitarias

Ignacio Zúccaro: una vida en Obras

La vida de Ignacio Zúccaro está pintada de negro y amarillo. Es una de esas historias de amor y compromiso por la institución compartida con toda su familia. Eduardo, su papá, tiene 63 años, hoy trabaja en las divisiones infantiles del rugby aurinegro luego de jugar durante mucho tiempo y fue el que trasladó por herencia este sentimiento. De hecho, conoció a su esposa en el club.

Ignacio tiene 33 y lleva 28 jugando al rugby en Obras, lo que lo instala como el jugador más antiguo en actividad. Casi que dio sus primeros pasos en el club. Sus hermanos también hicieron deporte y saben lo que significa. Formalmente empezó a jugar en 1988, con apenas seis años. Fue subiendo de categoría hasta que la Primera apareció en su camino en 2001. Lesión viene, lesión va, ya son 15 temporadas vistiendo la camiseta del Plantel Superior.

A Ignacio no solo le importa seguir disfrutando adentro de una cancha, sino también compartir valores con los más chicos.

-¿Qué te genera ser el jugador activo con más años en el club?
-Son muchos años de rugby. En un momento me senté a pensar y realmente me movilizó un poco esto. No me considero un pilar, pero me gustaría transmitir una cierta política de trabajo y desarrollo personal. Yo también entreno a las divisiones inferiores y ahí trato de reflejar todo esto. Y a mis compañeros de la Primera también, que son más jóvenes que yo y les falta mucho más rugby. Trato de que no bajen los brazos y sigan trabajando para que el deporte crezca día a día como uno quiere. Ahora, el club tiene una política de trabajo de crecimiento y nosotros debemos estar en la misma sintonía, por eso la persistencia y el sacrificio son importantes. Está bueno para crecer como personas y luego como deportistas, a pesar de que el amateurismo es una cuestión paralela a la vida. Si me tengo que poner en una posición de referente, me gustaría reflejar estos valores.

-¿Hoy en día se hace difícil el trabajo en el deporte amateur?
-Bueno, siempre estoy acompañando a mi padre, que tiene más de 40 años de entrenador en divisiones infantiles. Doy una mano en la categoría que necesite. La idea es seguir sus pasos una vez que no pueda jugar más. Los deportes amateurs, y en particular el rugby, son difíciles. En cuanto a las dificultades, están aquellos chicos que son menores de edad y dependen de los padres para hacer deporte. El rugby de club es difícil. Cada año nosotros tratamos de adaptarnos a las nuevas situaciones que aparecen y encontrar nuevos espacios para poder brindarles lo mejor y que puedan desarrollar la actividad. La situación es diferente en los mayores. Cuando uno pasa la edad escolar y empieza a estudiar en la universidad y a trabajar, los tiempos se acortan. En los deportes que requieren una preparación importante como este los tiempos se van acortando y se genera la deserción lógica de aquellos que eligen formar una familia o estudiar carreras más complejas. En mi caso pude hacerlo paralelamente a mi carrera y me recibí de abogado. Uno puede ir menos a entrenar, pero la idea es no abandonar nunca el rugby, que funciona como una salida a la rutina diaria. Sirve para seguir una estructura de vida. A los chicos les decimos que la prioridad siempre es el estudio, pero eso no significa dejar de lado lo demás.

-¿Qué balance hacés de lo ocurrido hasta acá con la Primera en el Grupo IV de la URBA? ¿Por qué pensás que se da esta irregularidad en los resultados?
-Todos los años es adaptarse a cambios de plantel y entrenadores. El año pasado participamos de una competencia de un nivel más bajo al que veníamos acostumbrados y nos perjudicó un poco en el juego. En este hasta ahora tuvimos muchas cosas positivas, pero tal vez en algunos momentos no se nos dieron los resultados que buscábamos, a pesar de que el juego fue bueno. La acumulación de resultados negativos por cuestiones ajenas al equipo ataca lo moral. Las consecuencias son las que uno después termina viendo en los partidos. Nosotros los encaramos muy bien, pero quizás nos falta ese plus que teníamos en otros momentos, donde el equipo estaba un poco más asentado. Se pierden por eso, por errores y situaciones que antes, por la confianza que dan los buenos resultados, no pasaban. En esta categoría, los equipos que tienen la cabeza un poco más ordenada a la hora de jugar y la confianza necesaria sacan ventaja. Es algo muy importante en el rugby por la cohesión que debe haber dentro del equipo. Nosotros venimos trabajando a pesar de las adversidades y de ser un plantel corto. Nos esforzamos y buscamos crecer. No se nos están dando los resultados, pero por la experiencia que tengo puedo decir que es momentáneo. Supongo que lo vamos a poder revertir. Hemos tenido dos o tres partidos en los que nos fuimos con la cabeza alta, sabiendo que dimos todo pero no se nos dio. Perder por errores propios nos hace pensar que por lo menos esas cosas son mejorables. No es una cuestión de limitación técnica, sino de esfuerzo y trabajo.