Club Obras Sanitarias
Especiales

El ajedrez para los jóvenes

El ajedrez, ese juego milenario y misterioso de origen incierto y virtudes sorprendentes, es, desde hace casi un siglo, tema de estudio de científicos e investigadores, los que en su mayoría coinciden en señalar que con su práctica se estimulan varias facultades mentales y, además, se forjan patrones de conducta entre los más jóvenes. Es más: en 1995, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomendó su inclusión en los niveles primario y secundario en todos los países miembros. Sin embargo, en la Argentina todavía no forma parte de la ley de educación nacional; su enseñanza es sui géneris, depende del interés de cada provincia, sin considerar su valor pedagógico.

Pese a que en los últimos 90 años investigadores de los cinco continentes fueron coincidentes en sus evaluaciones sobre las virtudes que desarrolla el juego, hoy no se explota el ajedrez como método transversal de enseñanza y no se valora su importancia en el aprendizaje asociado con las ciencias, en especial las matemáticas.

Mientras se discute sobre la conveniencia del dictado como materia curricular o extracurricular, el carácter de su enseñanza obligatoria u optativa, la elección de la edad del educando o del perfil del instructor que media entre la pedagogía del docente o los conocimientos de un ajedrecista, se dilata su incorporación a los programas escolares.
En 2010, la megaestrella de este juego y una de las mentes más inteligentes del planeta, el ruso Garry Kasparov, opinó en la Redacción de LA NACION: «Quiero resaltar esto: el ajedrez en la escuela puede confundirse con la práctica de un deporte en los colegios -al estilo del fútbol o el básquetbol-, mientras que yo me refiero a su utilización como herramienta pedagógica, que enseña a pensar y transmite valores. Es decir, a una asignatura por sí misma o a un apoyo en la enseñanza de otras asignaturas como las matemáticas, historia, geografía e Internet».

¿Por qué entonces se considera básico su aprendizaje entre los escolares sólo en dos países en el mundo, Turquía y Armenia?
En la Argentina, responde el profesor Jorge Berguier, quien desde 2003 es el coordinador nacional de Ajedrez en el Ministerio de Educación de la Nación.
«La ley de educación nacional 26.206 no contempla específicamente la incorporación del ajedrez en el aula.» Y agregó: «Tenemos coordinadores en 22 de las 23 provincias argentinas; salvo Jujuy, donde por una decisión del Ministerio de Educación provincial no se juega en los colegios».

Mientras tanto, el único proyecto de ley (S-3045/11) que recomienda la promoción del ajedrez escolar fue presentado por el senador Carlos Reutemann . Aunque cuando el ex piloto de F.1 fue gobernador de Santa Fe en su primer mandato (1991-1995), con la aplicación de la ley de emergencia económica dejó sin trabajo a decenas de docentes dedicados a la enseñanza del juego ciencia. El rosarino Esteban Jaureguizar, de 44 años, fue uno de los que padecieron los rigores del desempleo. En 2005 se marchó y se radicó en Uruguay, donde hoy es referencia internacional en pedagogía del ajedrez; dirige los programas Ajedrez para la Convivencia y Ajedrez Escolar (gobierno de Uruguay), y Ajedrez Udelar (Universidad del Uruguay). También es el vicepresidente de la Federación Uruguaya.

Fue la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) la que llevó a cabo la primera evaluación científica sobre los beneficios de la práctica de ajedrez. La investigación fue impulsada por José Stalin, León Trotsky y Vladimir Lenin. En 1925, tras intensos cinco años de estudios, los científicos Rudik, Djakow y Petrowski concluyeron: «La práctica del ajedrez desarrolla alrededor de veinte habilidades o facultades mentales, entre ellas concentración, memoria, creatividad, planificación, el pensamiento abstracto, lógico matemático, el autodominio, etcétera». Sin embargo, no se extendió su incorporación a nivel escolar. Fue más una cuestión ideológica y de Estado. Al momento de la desintegración del país, en 1989, contaba con cinco millones de ajedrecistas federados y más de 50 millones como aficionados sobre una población de 288 millones. Entre 1948 y 2000, todos los campeones mundiales fueron soviéticos o rusos, salvo el norteamericano Bobby Fischer, en 1972. Sobre esas cifras y la realidad de la ex URSS, el exiliado soviético Viktor Korchnoi, en declaraciones a LA NACION, ironizó: «Y por entonces ¿qué otras cosas podía hacer un ciudadano soviético en invierno además de beber vodka y jugar ajedrez?».

España encabeza los países que más trabajan con el ajedrez en aplicaciones sociales como método de lucha contra el envejecimiento cerebral, enfermedades como el Alzheimer, niños con TDAH (trastornos por déficit de atención con hiperactividad), autismo, Asperger, en rehabilitación de drogadictos y en servicios carcelarios.
Juan Antonio Montero Aleu, psicólogo deportivo, presidente del club Línex-Mágic de Mérida, es el principal artífice de que Extremadura sea referencia mundial en estas aplicaciones. Y es reconocido el psiquiatra Hilario Blasco Fontecilla por su experimento en el Club de Ajedrez 64 de Collado-Villalba, avalado por el hospital Puerta de Hierro, con el que demostró que el ajedrez puede ser una terapia sustitutiva de los fármacos en casos leves de TDAH. «En España hay al menos 300 colegios donde el ajedrez es asignatura obligatoria en más de un curso, y más de mil donde es optativa o extraescolar. Siguiendo la recomendación del Parlamento Europeo (con el apoyo de 415 eurodiputados), el Parlamento de Canarias tomó en diciembre de 2012 la decisión por unanimidad de todos los partidos políticos de que el ajedrez sea asignatura obligatoria en esa isla. Pero aún no han podido aplicarla por falta de profesores preparados», contó Leontxo García, periodista del diario El País y medalla al Mérito Deportivo otorgada por el gobierno español en 2011 por su contribución al desarrollo del ajedrez.

El 11 del mes último, la comisión de educación de la cámara de diputados instó al gobierno español a que implante el programa Ajedrez en la Escuela, en el sistema educativo, de acuerdo con las recomendaciones del Parlamento Europeo. El pedido será tratado por la comisión sectorial del Ministerio de Educación, cuya decisión será vinculante porque están representadas todas las comunidades autónomas.
Pero la enseñanza del ajedrez en las escuelas es otra cosa. Su inclusión no busca un crecimiento deportivo; de los colegios no surgirán campeones mundiales. El objetivo es que de las aulas egresen niños a los que el ajedrez les brinde herramientas para desarrollar sus talentos.

«¿A qué padre no le gustaría que su hijo aprenda a pensar y a desarrollar su creatividad, que aprenda hábitos de pensamiento para lidiar de manera autónoma con problemas diferentes y escenarios cambiantes?», preguntó Marina Rizzo, directora del taller El Caballito de Palermo, donde trabaja con niños desde los 4 años. Y completó: «No tenemos idea real del futuro, pero el desafío es preparar a los jóvenes para ese mundo que apenas vislumbramos. Con la práctica del ajedrez se entrenan en la toma de decisiones, hacen una pausa entre el deseo y la ejecución, analizan otras alternativas, proyectan el futuro con planes a corto, mediano y largo plazo, y toman conciencia de las consecuencias de sus actos. Desde esta perspectiva es fundamental que el ajedrez llegue a más niños, jóvenes y docentes de diferentes niveles».

Juan Luis Jaureguiberry, coordinador del Plan de Ajedrez Escolar del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, explicó: «Que niños tan pequeños, incluso con «problemas escolares», aprendan tan bien y tan rápido algo tan difícil como jugar al ajedrez motiva nuestra investigación sobre los elementos modélicos que la enseñanza del ajedrez tiene para ofrecerle a la educación en general: 1) El placer: le damos la posibilidad de divertirse mientras aprende. 2) El material concreto: el juego acompaña al niño en su proceso de construcción del pensamiento lógico abstracto desde el pensamiento lógico concreto. 3) Lo imprevisible, el problema abierto: con reglas estrictas y un espacio reducido, el juego ofrece un territorio infinito para desplegar la imaginación con problemas que tienen más de una solución válida. 4) La integración del saber: el niño tiene que utilizar todo lo que sabe en la práctica, en cada jugada, no trabaja con conocimientos teóricos compartimentados. 5) El poder: les damos poder a los niños para crearles problemas a otros niños y corregírselos. 6) La oportunidad: el niño que pierde no recibe un juicio condenatorio, sino que tiene revancha inmediatamente y eso lo motiva para aprender de sus errores y mejorar. 7) El niño docente: el niño que gana en poco tiempo empieza a enseñarles a sus compañeros de juego porque aprende a disfrutar de superar situaciones cada vez más difíciles».

MAS INVESTIGACIONES

«El ajedrez no te da lo que no tienes, pero potencia las facultades innatas y el desarrollo de la personalidad. Además de Rusia conocí experiencias en lugares tan dispares como Islandia, Canadá, España, Argentina, India e Israel. Y en todos se llegó a la misma conclusión», señaló el ruso Boris Zlótnik, doctor en Pedagogía de la Universidad de Moscú.

Hace veinte años, el psicólogo de la universidad de Harvard Howard Gardner presentó su teoría de las ocho inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, interpersonal, intrapersonal, musical, corporal y naturalista; ahora, nuevos estudios revelaron que con la práctica del ajedrez se estimulan cinco de ellas.
Es que el niño que juega al ajedrez desarrolla por antonomasia la inteligencia lógico-matemática. También la espacial, cuando proyecta su jugada sin mover las piezas en el tablero, y la intrapersonal e interpersonal, porque necesariamente debe conocerse y estudiarse, tanto a él como a su rival. Y por último, la inteligencia lingüística, que resulta extraña en un juego en el que los adversarios no se hablan, pero que está relacionada con la escritura de las jugadas que el niño efectúa en el tablero y que debe anotar reglamentariamente en su planilla; por ejemplo, «peón cuatro rey» representado en P4R o e4. Así, el chico decodifica el significado de letras y piezas, comprende y analiza lo que ejecutó. Efectúa el mismo proceso que cuando lee, une letras y palabras. Por ello, Gardner, ganador del Premio Príncipe de Asturias en 2011, aseguró: «Nuevos estudios en EE.UU. y Canadá demostraron que los niños después de jugar ajedrez mejoraron en término medio un 15% su capacidad lectora».

La colombiana Adriana Salazar Varón, maestra internacional y especialista en la enseñanza de ajedrez preescolar, cuyo método se imparte en 65 colegios de Colombia y España, contó a LA NACION: «Los niños a los 3 años aprenden ajedrez y otras ciencias jugando. Sobre un tablero gigante disfrazados de piezas imitan los movimientos de una torre, dama o alfil, y así, jugando, incorporan lo que es una línea recta o diagonal; principios básicos de geometría».

En Uruguay, el programa El Ajedrez en la Escuela llegó a 36 colegios en los 19 departamentos y alcanza a 5000 chicos. «Si sumamos todos los programas sociales cerca de 20.000 personas reciben ajedrez», contó Jaureguizar, especialista en el juego en nivel preescolar.

Más ejemplos. Investigadores de la Universidad de Tréveris (Alemania) estudiaron durante cuatro años a dos grupos de niños de 9 años de las escuelas primarias en Renania-Palatinado y Olewig; el grupo A recibió tres horas semanales de matemáticas, y el B, dos de matemáticas y una de ajedrez. La investigación arrojó que el segundo grupo, pese a que tuvo una hora menos de clase, duplicó en promedio las notas en matemáticas y capacidad lectora del primero. El proyecto Schach statt Mathe (Ajedrez en lugar de Matemáticas) fue replicado en Dresde y Hamburgo.

Los estudios concluyen que el ajedrez estimula el pensamiento lógico y reflexivo, la capacidad de cálculo, abstracción y observación, activa la memoria, la concentración, la planificación, la motivación y la autoestima. Además, desarrolla la inteligencia cognitiva y la socio-afectiva. El juego, en su reducido ámbito de 64 casillas, se mide con patrones muy estrictos; un error es causal de una derrota, y un acierto, de una victoria; el chico aprende que es responsable de sus actos. Algunas estadísticas señalan que con su práctica disminuyeron levemente los índices de violencia escolar, que hoy golpean las aulas.

Sin distinción de sexo, ideologías o edades, todos pueden jugar ajedrez. Quienes estudiaron los beneficios de su práctica sostienen que se rige por dos premisas esenciales: la paciencia, para el ejercicio de la reflexión, una antítesis ante los tiempos modernos de inmediatez que propagan Internet, los videojuegos y el zapping, y el respeto hacia el rival, de quien hay que esperar la respuesta para recién ejecutar el siguiente movimiento. El ajedrez es una herramienta pedagógica que enseña a pensar y lo hace de manera lúdica, entretenida. La aplicación de sus virtudes van más allá del tablero.

FUENTE: CARLOS A. LLARDO PARA LA NACIÓN